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miércoles, 11 de febrero de 2015

La catedral de Sevilla

La catedral de Sevilla:

Ya que está construida encima de una antigua mezquita, su planta es cuadrangular, a diferencia de las demas catedrales de la época que tienen la planta en forma de cruz latina.

De su etapa como mezquita tan solo queda, el patio de los naranjos y el minarete, al que se le puso un campanario cristiano y ahora se le conoce como la Giralda, por el giraldillo que es lo que hay en lo más alto de la Giralda, que actua como veleta.

También conocida como la montaña hueca.

Figura en el libro Guinness de los record por su extensión.

Empezó a crearse en el siglo XV y se terminó por completo en el siglo XX.

La piedra con la que se construyó era importada desde Jerez de la frontera y llegaba a Sevilla por mar y río y se depositaba en la Torre del Oro.

La mayor parte de las esculturas estan hechas con cerámica, por la escasez de piedra.

Es una mezcla de estilos, donde predomina el gótico, pero también tiene Mudéjar, Renacentista y Barroco.















El origen de los reinos cantábricos

El dominio musulmán sobre la península no fue total. En el Norte, galaicos, astures, cántabros y vascones, protegidos por la Cordillera Cantábrica y escasamente vinculados al reino visigodo, mantuvieron su  independencia frente Al-Andalus.


El reino de Asturias

Entre los pueblos que vivían en la zona montañosa de la Cordillera Cantábrica debieron refugiarse algunos nobles visigodos huidos después de la derrota en la batalla de Guadalete. Uno de ellos, Pelayo, parece ser que hacia el año 722, obtuvo una primera victoria contra los musulmanes junto a la cueva de Covadonga, en Asturias.

Este hecho ha sido considerado tradicionalmente como el inicio de la Reconquista, es decir, de la conquista por los reinos cristianos de las tierras de la Península Ibérica que habían sido ocupadas por los musulmanes.

Los sucesores de Pelayo, sobre todo Alfonso I y Alfonso II (siglos VIII y IX), crearon un reino alrededor de Oviedo, que se llamó reino de Asturias. Este territorio manifestó su independencia de los musulmanes al negarse a pagar  impuestos al Emirato de Córdoba. El reino de Asturias se expandió hacia el Oeste y llegó a dominar buena parte de Galicia.

 Imagen de Pelayo cerca de la cueva de Covadonga.


El reino de León

En la segunda mitad del siglo IX, los reyes de Asturias, y en particular Alfonso III, aprovecharon la debilidad de los emires cordobeses y ocuparon los territorios que se extendían hasta el río Duero. Se trataba de una zona deshabitada que había sido abandonada por las guarniciones militares musulmanas.

Para controlar mejor el territorio y proteger a los campesinos, los monarcas astures trasladaron la capital a León (854). El reino pasó a denominarse Astur-leonés y, más tarde, reino de León.

































Miniatura de Alfonso III y su esposa Jimena.

El condado de Castilla

La frontera oriental del reino de León era una tierra escasamente poblada y una zona muy expuesta a los ataques musulmanes. Para protegerse sus habitantes levantaron una línea defensiva de castillos frente a los ejércitos árabes. Por ello, esta zona empezó a denominarse Castilla.

En el siglo X, Castilla pasó a ser gobernada por condes que dependían del rey de León. Uno de ellos Fernán González (931-970), fue muy influyente en la corte de Ramiro II, a quien prestó ayuda en numerosas batallas contra los musulmanes.

En los años siguientes, el condado dependió de los reyes de León o de Pamplona hasta que, con Fernando I, se convirtió en reino independiente (1035).

Los primeros condados y reinos pirenaicos

Mientras el reino de Asturias se consolidaba, en los Pirineos surgieron otros reinos cristianos independientes: el reino de Pamplona, los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza y los condados catalanes. Todos ellos debieron su creación a la intervención del ejército franco.

La creación de la Marca Hispánica

En el siglo VIII, Carlomagno, rey de los francos, realizó varias expediciones en territorio hispánico contra los musulmanes de Al-Andalus.

Por ello, los francos sintieron la necesidad de proteger la frontera Sur de su reino frente a los ataques musulmanes y crearon una franja protectora fuertemente fortificada a lo largo de los Pirineos. A esta franja la llamaron Marca Hispánica, y la dividieron en condados, gobernados por marqueses y condes, que dependían del monarca carolingio.





El reino de Pamplona

A principios del siglo IX, un conde de Pamplona, Iñigo Arista, logró expulsar a los gobernadores francos de su territorio e independizarse, dando origen al reino de Pamplona.

El reino de Pamplona conocío su máxima expansión en el siglo XI, bajo el reinado de Sancho III, quien, por su matrimonio, unió al reino de Pamplona el condado de Castilla y se anexionó los condados de Sobrarbe y Ribagorza. A su muerte dividió el reino de Pamplona entre sus hijos.

El reino de Aragón

En el siglo IX, los condados aragoneses de la Marca Hispánica (Aragón, Sobrarbe y Ribagorza) también consiguieron independizarse de los reyes francos.

Tras la muerte del Rey Sancho III, uno de sus hijos Ramiro I, (1035-1063), unió los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, y se convirtió en el primer rey de Aragoń.

Los condados catalanes

Tras la descomposición del poder carolingio en el siglo IX, el territorio oriental de la Marca Hispánica se organizó en pequeños condados. El dominio de los reyes francos sobre estos condados catalanes fue más duradero que en Aragón y Pamplona.

A finales del siglo IX, Vifredo el Velloso, conde de Barcelona, incorporó otros condados catalanes a sus dominios (Besalú, Cerdaña, Pallars, Urgel...), convirtió en hereditarios sus derechos y obtuvo el vasallaje de la mayoría de los restantes condados catalanes.

Su nieto, Borrell II, se negó a renovar el juramento de vasallaje al rey franco, iniciando el camino hacia la independencia política (987).

La expansión territorial de los siglos XI y XII

Después de la ocupación del valle del Duero, el reino castellano-leonés conquistó el valle del Tajo. Paralelamente, aragoneses y catalanes se expandieron hasta el valle del Ebro.

 Vídeo sobre la reconquista:

Sabías que... El Cid

Rodrigo Díaz de Vivar fue un noble castellano del siglo XI, huérfano desde pequeño, educado en la corte y vasallo de Alfonso VI de León y Castilla. Sus relaciones con el monarca fueron difíciles y alternaron etapas de colaboración con otras de expulsión del reino.

Durante su destierro de Castilla, Rodrigo creó una hueste de guerreros que luchaban a sus órdenes. Con ellos estuvo un tiempo al servicio del rey islámico de Zaragoza y los musulmanes le aplicaron el título de Sidi (señor), del que deriva el sobrenombre de Cid.

Más adelante, luchó contra los almorávides y conquistó el reino taifa de Valencia. La personalidad de Rodrigo Díaz impresionó a los castellanos y los juglares cantaron sus hazañas, reflejadas en el Cantar de Mio Cid.

Vídeo sobre el Cid:



La ocupación del territorio

Se denomina repoblación a la ocupación de las tierras que se habían mantenido deshabitadas o que los reyes cristianos habían arrebatado a los musulmanes. Las tierras conquistadas al enemigo se convertían en propiedad del rey, que las entregaba a nobles en pago de sus servicios militares, a monjes para que fundaran monasterios o la repartía entre campesinos libres.

Los nuevos repobladores procedían de los primeros núcleos cristianos, aunque también había muchos cristianos mozárabes atraídos por los privilegios otorgados por los reyes: libertad personal, exención de impuestos y prestaciones militares, permiso de comercio... Estos beneficios quedaban recogidos en una carta de poblamiento.



Una economía agricola y ganadera

La riqueza de los reinos cristianos a lo largo de los siglos IX-XII se fundamentó en la ganadería, la agricultura y la explotación de los bosques.

La actividad agrícola era de subsistencia, destinada básicamente a la producción de alimentos para el auto consumo. Se practicaba la rotación bienal y los principales cultivos eran los cereales (trigo, avena, etc.), el viñedo y el olivo, y en las zonas más irrigadas, el arroz y los productos de huerta.

La ganadería, esencial en las zonas de montaña, adquirió una creciente importancia a partir de la colonización del Tajo. Los rebaños podían contar con extensos pastos en zonas muy poco pobladas, y aumentaron las cabezas de ganado. Se criaban, sobre todo, cabras y ovejas para el consumo de carne y leche y para la producción de lana.

El camino de Santiago

Por el camino circulaban centenares de peregrinos y para atender sus necesidades se crearon hospederías, hospitales y una gran cantidad de iglesias. También surgieron núcleos fijos de artesanos y mercaderes, que contribuyeron al florecimiento de las ciudades del Camino (Jaca, Estella, Pamplona, Logroño, Burgos, León, Santiago...).

Vídeo de una parte del camino de Santiago:



La catedral de Santiago

La catedral de Santiago es un importante edificio románico de planta de  cruz latina y cabecera con girola, típicas de las iglesias de peregrinación.

A los peregrinos tras llegar a Santiago tras un largo y penoso viaje, les llenaba de admiración la visión de las esculturas del Pórtico de la Gloria, cuya belleza parecía realmente trasladarlos a la morada divina.

Los peregrinos recorrían la catedral por uno de sus lados, hasta llegar a la girola,  en cuyo espacio central se encontraba el sepulcro del Apóstol, y volvían a salir por el lado contrario.

La afluencia de visitantes a la catedral era tan grande que, al igual que en otros templos, fue habitual mantener un gran incensario en movimiento para purificar el ambiente, enrarecido por el olor de la muchedumbre. Éste fue el origen del conocido Botafumeiro compostelano.

Vídeo sobre la catedral de Santiago de Compostela: 



La interrelación cultural

A lo largo de la Edad Media, en la Península Ibérica convivieron, con épocas de paz y períodos de enfrentamiento, culturas y religiones y pueblos diversos: cristianos, musulmanes y judíos. Como resultado de esa convivencia se produjo un influjo de unas culturas sobre otras y un enriquecimiento del patrimonio cultural de los reinos cristianos.

Las comunidades judías

Las comunidades judías habitaban en barrios separados, llamados aljamas o juderías, en los que se encontraba la sinagoga, su centro de oración. Los judíos pagaban unos impuestos especiales y gozaban de autonomía administrativa y judicial.

Vídeo sobre los judíos:


Mozárabes y mudéjares

Los mozárabes:
Tras la invasión musulmana de la Península Ibérica y la constitución de Al-Andalus, una parte de la población hispano-visigoda de estos territorios se convirtió al islamismo, pero otros muchos permanecieron fieles al cristianismo. Se trataba, como ya sabes, de los mozárabes.

Los mudéjares:
Se denominó mudéjares a los musulmanes que permanecieron en  los reinos que fueron conquistados por reyes cristianos.

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