En la Edad Media, el comercio europeo con Oriente (seda, especias) se realizaba a través de la ruta de la seda que recorría el Mediterráneo, llegaba a Constantinopla y desde allí atravesaba Asia central. Pero en 1453 los turcos conquistaron Constantinopla y obstaculizaron las vías tradicionales de comercio con Oriente.
Por ello se hizo necesario encontrar nuevas vías marítimas para acceder a los productos de lujo que procedían de Oriente. A partir del siglo XV, marineros y comerciantes impulsaron una serie de expediciones marítimas, a través del Atlántico, con el propósito de abrir nuevas rutas comerciales. Su resultado fue mucho más allá: alcanzaron un nuevo continente y ampliaron el mundo hasta entonces conocido por los europeos.
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