En el siglo XV, Sevilla ya era una de las principales ciudades de la Corona de Castilla. Tenía 50.000 habitantes y era una escala en el tráfico comercial entre las ciudades italianas del Mediterráneo y las tierras de Flandes e Inglaterra. Comerciantes francos y genoveses, entre otros, tenían allí delegaciones permanentes y una influyente comunidad judía participaba en los negocios comerciales.
El monopolio comercial de Sevilla
En 1503, se estableció por decreto real la Casa de Contratación de Indias, que permaneció en Sevilla hasta 1717, cuando fue trasladada a Cádiz.
Su objetivo era regular y fomentar el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Pero, además, la institución debía formar a los pilotos de los barcos que viajaban a las Indias y recoger informes sobre todo lo descubierto para elaborar mapas y realizar estudios sobre el medio natural, los diferentes grupos humanos y los idiomas del continente descubierto.
La Casa de contratación era, por tanto, un organismo del control del comercio, pero también un centro científico, de enseñanza, etnográfico y geográfico, así como un inmenso archivo de todo lo relacionado con las Indias.
También se creó, en 1543, el Consulado de Mercaderes, que agrupaba a todos los mercaderes que comercializaban con las Indias y participaba en la organización de las flotas.
El crecimiento de la ciudad
Debido al intenso tráfico que generó el comercio con América y las ingentes remensas de oro y plata que llegaban a la ciudad, Sevilla aumentó su población, creció y se reformó. En el siglo XVI era una de las ciudades más importantes de Europa, gracias a la presencia de numerosos comerciantes extranjeros, y un gran centro cultural y artístico.
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